domingo, 27 de febrero de 2022

Desmonte

 

  Desmonte

 1

 

Lo descubrí una noche

después de buscar agua de lluvia.

Los árboles enloquecidos

se inclinaban

en reverencia,

mientras la luna alumbraba

el centro del matorral.

Al principio

ni pude

ni quise ver,

después lo entendí:

debajo,

justo encima de las raíces,

en el centro mismo del monte

latía

un corazón.

 

 

 

 

 

2

 

 

Los teros cantan

una advertencia.

Protegen a sus nidos del hombre

pero sin saberlo,

nos cuidan también

de lo inesperado.

Cuando alguien atraviesa el monte,

pienso en mi padre

y en su ternura hacia todo

lo que la tierra

da a luz en silencio:

él irrumpe

en las soledades permanentes

y les dibuja un rostro humano

para que puedan

ser comprendidas por otros.

 


 

 

 

3

 

 

 

Han derribado el monte.

De luces y muros

 está hecho el paisaje.

Vivimos a un metro del pasado

 y a dos  de lo que  vendrá mañana:

siempre fuimos atemporales. 

Muy cerca

 el impacto del filo sobre el leño

 resuena en la noche

entre ladridos

y el canto

de las últimas aves.

 Mi padre carga

un puñado de leña 

y se detiene por un instante;

 los dos miramos lo mismo,

 en un diálogo mudo 

de esos que sostienen

 los grandes amigos:

allá lejos

  las luces  seguirán estallando,

mientras acá

las luciérnagas

nos alumbran todavía.

Desde lejos

 el asfalto

amenaza  con cubrirnos:

que venga,

 las raíces

pueden más que el cemento.

 

 

 

4

 

 

Madre,

esta casa

es una guarida

que se alimenta de mí.

Me consumen

las paredes húmedas

y las puertas se cierran

con doble llave.

Una ilusión

crece y crece,

me devoro de tanto inventarme

en sitios imaginarios.

Madre,

los árboles

callaron hace tiempo,

pero sus raíces todavía respiran

mientras las ramas

huyen hacia el cielo.

Acá antes

había una arboleda

y hoy

sin medida

el sol se entrega

a nuestro techo oxidado.

Son tantas,

como nosotras son tantas

las bestias que buscan algo de alimento.

El instinto arde

antes que la razón:

madre,

de mi deseo

protégenos

hoy y siempre.

 

5

 

En el campo bastaba

con una garúa

para que las luces

se apagaran.

Las noches de lluvia

eran un baile de siluetas.

Madre renegaba

por las letanías

de lo incivilizado.

Padre miraba

primero a la siembra,

después al cielo

y en silencio agradecía

a un dios

que siempre supo escucharlo.

Yo era una guarida

donde todas las luciérnagas del mundo

querían posarse.

Hoy han pasado

tantos años;

mi hogar es un edificio

en medio del cemento.

La lluvia besa

las calles que camino:

pero en la ciudad

la lluvia y el cemento

no se funden,

nadie agradece,

todos se quejan

y yo soy ahora

una guarida

sin luciérnagas:

qué extraña fortuna

saberme lejos

de la noche inmensa.

Antes me entregaba al temblor:

hoy la sombra

tan sólo es

la cara más joven

que tiene el miedo.

 


sábado, 31 de octubre de 2020

Casa abierta

 

No tengo rejas
ni portales.
Soy una casa abierta
que recibe
la inundación
y el verano
como si fueran
un mismo rostro.
Yo me entrego
al porvenir
de las horas
aunque me asuste el invierno desalmado.
Yo soy un poco vida,
porque he amado,
y también muerte

de renuncias.

miércoles, 28 de octubre de 2020

El reino de las agujas para Revista Burak

 


Yo haré con vestigios del sol
un puñado de flores amarillas

para salvarnos del tiempo.

_________________

No tengo rejas
ni portales.
Soy una casa abierta
que recibe
la inundación
y el verano
como si fueran
un mismo rostro.
Yo me entrego
al porvenir
de las horas
aunque me asuste el invierno desalmado.
Yo soy un poco vida,
porque he amado,
y también muerte

de renuncias.
__________________

Con la distancia desoída
hay un reloj que ya no ordena hay un adiós
que se suicida antes de arder.
__________________

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© Úrsula Alonso
Gualeguay - Entre Ríos.
Es escritora y profesora de Lengua y Literatura. Su poemario "El reino de las agujas" (2018), obtuvo el Premio Provincial Juan José Manauta.
Codirige "Textos virales", proyecto que difunde la obra literaria de autores entrerrianos a través de las redes sociales.


Revista Burak

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jueves, 8 de octubre de 2020

poesía vertical - Roberto Juarroz

 Pienso que en este momento

tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que sólo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría.

Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.
Soy mi propio sostén y me lo quito.
Contribuyo a tapizar de ausencia todo.

Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.

viernes, 2 de octubre de 2020

oesía de Brecciarolli

 Completamos los rituales que de a poco fuimos inventando.

 Cada mañana. Cada noche. 

¿Y si el amor es componer un código?

 Ese idioma que hablamos solo vos y yo. 

Todo eso pensé el día que dijiste vamos a nuestro lugar 

Y pediste sin preguntar la comida que yo quería.