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jueves, 20 de agosto de 2020

"artista del hambre”: belleza y voracidad en el universo poético de María Malusardi

 "artista del hambre”: belleza y voracidad en el universo poético de María Malusardi

Por Úrsula Alonso

La carencia se vuelve pulsión, materia prima y objeto en el entramado poético de “artista del hambre”. El poemario atraviesa un línea donde la materia se reversiona. Las cincuenta y cinco composiciones que integran el poemario demuestran la comunión entre deseo y ausencia.

“hubo un día y no recuerdo si el temblor de la palabra o el relámpago en la lengua empastaron mi boca con muertos hubo un día ese día el hambre traficó y cayeron huesos como panes hubo ese día y sollozaba entre añicos quería matar afilar el vidrio ese borde eficaz para darle un envión un vuelco a tanto error a tanto desamparo” versa la poesía inaugural, con un tono introductorio que evoca la fórmula “había una vez” característica de los cuentos infantiles.

“desde que el hambre es una región, una religión una enfermedad de los muertos el hambre un modo de tejer desde que el hambre es el poema en esta jaula puedo soñar con ciervos: degollarlos” dice otro de los poemas y nos encontramos con artistas del hambre que recrudecen física y emocionalmente. El alimento aparecerá como algo instantáneo e ineficaz. De “ciervos”, “ratones”, “gatos”, “dientes”, “botones” se constituye la materia que mastican los artistas del hambre. Estos objetos parecen arrojarse como símbolos que representan lo más sanguinario del instinto humano, ese vehículo que nos conduce –como en las antiguas y remotas tribus- a desear la carne, alimento inmediato. Lo otro son las huellas de lo que no está, la conformidad ante la ausencia: ¿qué mayor metáfora del deseo masticar dientes en plena hambruna? Este artificio demuestra el elevado juego de metáforas que logra el poemario.

“Hubo un día en que nací entre artistas del hambre para (estilísticamente) inmolarme en el delito” dice más adelante y de nuevo esa fórmula de cuento infantil se reproduce pero en un marco reinventado: el de la violencia lingüística. “Inmolación” y “Delito”, dos ideas en las que subyace la mirada social sobre la que pende el estigma.

En cuanto a la elaboración estructural nos encontramos frente a un yo poético protagonista y a la vez testigo. Por un lado se habla desde una objetividad propia de quien observa y describe –a modo de retrato de época- la escena: “los poetas no se ensucian

tocando pobres las palabras queman arde el combate los poetas no se ensucian tocando pobres sólo reciben su estiércol emparejan versos mientras artistas del hambre aguardan la generosidad de su avaricia”. Más adelante, el plano focalizador se altera y ya la imagen no versa en otro sino en un yo-protagónico: “no sólo yo practico el arte del hambre: miro caer diente por diente cuando la leche no alcanza cuando la población está dormida”.

Hay en la carencia, espacios de aprisionamiento construidos en base a un campo semántico feroz: “en esta jaula mi casa son mis dedos rotos” “la celda está adornada con hiedras”. Los barrotes, las celdas, las jaulas son recurrentes en la obra y ello puede interpretarse de una manera: los artistas del hambre no pueden escapar de esa condena-condición primigenia, de ese calvario que proviene del basural o lugar de origen donde prima la falta física y emocional.

Sobre la estructura de los versos, hay que señalar una composición desde la omisión de signos de puntuación, que bien logra una sonoridad muy peculiar, en la que se condensan y desbordan los significados. Leer la poesía de María Malusardi es construir una musicalidad renovada: recitar su poesía es sorprenderse con los diversos sentidos que adquiere. Dice Hebe Uhart que los signos de puntuación constituyen la respiración del texto. La obra de Malusardi no respira: es el aire y el hálito vital. Basta con el lenguaje mismo –tampoco utiliza la autora mayúsculas ni sangrías- para trasmitir un mensaje potente pero mesurado. Una posible lectura de estas omisiones las vincularía con la resistencia ante la opresión regulatoria del lenguaje: se dice sobre el aprisionamiento desde un código libre del espectro más normativo de la lengua.

¿Invención de un código simbólico? ¿Retrato de época? Estos intersticios vacíos serán completados con la mirada de un lector atento, porque –hay que señalar- es preciso mirar con atención esta poesía cargada de metáfora.

El universo poético de María Malusardi es innovador y auténtico. Su lectura, un desafío que vale cada paso en torno a un paisaje por redescubrir: bienvenidos a la lectura de un mundo voraz. Bienvenidos al viaje.

jueves, 10 de septiembre de 2015

“Intersección de horizontes” una reseña acerca de “El horizonte” de Patrick Modiano

Intersección de horizontes” una reseña acerca de “El horizonte” de Patrick Modiano

Mediante fragmentos de imágenes pasadas, Jean Bosmans va reconstruyendo la trama de una historia que su memoria había anidado durante mucho tiempo. Fechas, nombres, encuentros, personas, lugares y calles son algunos de los vestigios del pasado que reaparecen en su día a día; él toma cada dato que su mente le concede, apuntándolo en su agenda y configurándolo así como una imagen más que rememora ese camino que alguna vez lo condujo a una intersección de horizontes entre él y Margaret Le coz.
Modiano desarrolla la historia a través de un orden temporal discontinuo. De a poco nos sumerge en el pasado de los personajes, permitiendo que el desarrollo de las descripciones se vea atravesado por interrogantes que guían su recorrido: “¿Y si todas esas palabras quedaran suspendidas en el aire y bastase tan sólo un poco de atención para captar sus ecos?”. A partir de allí se inicia una búsqueda intermitente; el protagonista se pierde en constantes indagaciones, que no logra responder, o bien teme responder; tal vez por esto nos diga: “…en la duda aún queda una forma de esperanza, una línea de fuga hacia el horizonte”. Tantas veces se pregunta acerca de Margaret, de su encuentro casual, de otros posibles encuentros que tal vez fueron pero nunca llegaron a advertir. Quizá la falta de precisión se deba al ayer confuso de la joven, el cual permanece como una puerta entreabierta a la que Bosmans nunca logra descubrir por entero. Cuenta con certezas mínimas, entre las que se dibujan la silueta de personajes presentados como amenazas, posibles perseguidores que buscan obtener algo de ambos. En el caso del  protagonista, se muestra afectado recurrentemente por la aparición de una mujer (su madre) y un hombre. Este último suceso, frecuente en la historia, podría relacionarse con el pasado mismo del autor, ya que al igual que el personaje central de la trama, padece la ausencia de sus padres debido a cuestiones laborales.
 En relación a la infancia de Modiano, es importante destacar que la misma transcurre en la década de 1940 en Boulogne-Billancourt, una pequeña ciudad de Francia donde crece enfrentándose, junto a su hermano, a la falta casi total de sus padres. Sin embargo, a pesar de haber crecido en esta ciudad, gran parte de las obras del autor van a estar enmarcadas en  una París afectada por la ocupación nazi, tan común durante la Segunda Guerra Mundial. Así, es posible ubicar en este contexto a nuestros dos protagonistas: Jean Bosmans y Margaret Le Coz, ambos en París, se conocen en medio de una persecución; ambos huyen de las miradas, de los posibles espías, retratando así la necesidad de escapar, o bien de guardar silencio como método mismo de escape. Ambos callan. En cuanto a esto, se debe mencionar que durante la entrega del Premio Nobel de Literatura en Estocolmo (año 2014), el autor pronuncia un discurso en el cual hace referencia al silencio durante su infancia, sosteniendo: “(…) pertenezco a una generación en la cual no se dejaba hablar a los niños, salvo raras ocasiones, y si se pedía permiso, aunque nunca se les escuchaba y la mayoría de las veces se les interrumpía (…) Sin duda de ahí el deseo de escribir que también sintieron otros a la salida de la infancia.”[1]
            Quizá por esto el protagonista calle; sus expresiones, cargadas de inmensa sensibilidad, de memoria, de un pasado al que se refiere como si hablara del presente mismo, nos develan datos mínimos perdidos entre un silencio que poco nos dice y, a la vez, tanto.
            Por la historia, que se presenta de a poco, por su calidad estilística, por el mensaje que nos deja, y las sensaciones tan cargadas de emoción frente a un pasado inconcluso, frente a interrogantes, frente a dudas, “El horizonte” es una obra de importante valor y su lectura muy recomendable, especialmente para aquellos que hallan en el pasado atisbos de belleza.


                                                               











[1] NOBELPRIZE.ORG The oficial website of the Nobel Prize (En línea). The Nobel Prize in Literature 2014
Patrick Modiano. 7 de diciembre de 2014. (Fecha de consulta: 1 de octubre de 2015). Disponible en: <http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/2014/modiano-lecture_fr.html>