En épocas digitales, la poesía también se renueva:
Un grito
de agujas tercas
nos despierta.
A paso lento
se abren ventanas
se encienden estufas
se prenden hornallas
se desvisten y se visten
se abren puertas
se enfrenta la vorágine
de lo rutinario.
Afuera hay un mundo
que adivinamos igual
y allí no espera
el vacío de las horas
que devoran
nuestra certeza.
Al llegar nos mostramos puntuales
completamos fórmulas
y cumplimos horarios.
Somos sostenidos
por ese diario consuelo
de volver
después a casa
con el pan
de cada día
en las manos,
mordiendo su corteza
para no llorar.
de agujas tercas
nos despierta.
A paso lento
se abren ventanas
se encienden estufas
se prenden hornallas
se desvisten y se visten
se abren puertas
se enfrenta la vorágine
de lo rutinario.
Afuera hay un mundo
que adivinamos igual
y allí no espera
el vacío de las horas
que devoran
nuestra certeza.
Al llegar nos mostramos puntuales
completamos fórmulas
y cumplimos horarios.
Somos sostenidos
por ese diario consuelo
de volver
después a casa
con el pan
de cada día
en las manos,
mordiendo su corteza
para no llorar.
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